Historia del Chocolate

 

I.- Los Orígenes del uso del Cacao

 

La historia de esta sustancia sólida, sensual y para algunos adictiva que llamamos chocolate, hunden sus raíces en la prehistoria del Nuevo Mundo, en el misterioso reino de los olmecas y los mayas. Fueron estas antiguas civilizaciones mesoamericanas, que vivieron en el corazón de la América Central Ecuatorial, las primeras que cultivaron el árbol del que proviene el chocolate.

 

Hace 3000 años los olmecas, una de las civilizaciones mesoamericanas más antigua, ocupaba un área de selvas tropicales al sur de Veracruz, en el Golfo de México.

 

Los lingüistas modernos han reconstruido el antiguo vocabulario olmeca y han encontrado que comprende la voz "cacao". Dado los requerimientos de calor, humedad y sombra que tiene el árbol de cacao, condiciones que se dan donde vivían los olmecas, muchos historiadores están convencidos de que la primera  civilización que cultivó este árbol fue la de los olmecas, y no la de los aztecas, como se creía comúnmente.

 

En torno al siglo IV antes de Cristo, varios siglos después de la desaparición de los olmecas, los mayas se habrían establecido en una extensa región situada al sur del México actual, que se extiende desde la península del Yucatán en América Central a lo largo de la región de Chiapas y la costa de Guatemala en el Pacífico. El clima húmedo de esta región era perfecto para el árbol del cacao, que florecía fácilmente en las zonas más umbrías del bosque tropical. Los mayas llamaban a este árbol "cacahuaqucht"; de hecho, para ellos, no existía ningún otro árbol que mereciese tanto el nombre de árbol como este.

 

Creían que era un árbol que pertenecía a los dioses y que las vainas que crecían en su tronco eran un regalo que los dioses hacían a los hombres.

 

En la lengua maya cac quiere decir rojo (en referencia al color de la cáscara del fruto) y cau expresa ideas de fuerza y fuego.

 

Los mayas crearon una especie de brebaje amargo hecho de semillas de cacao que consumían exclusivamente los reyes y los miembros de la nobleza y también usado para dar solemnidad a determinados rituales sagrados.

 

En sus libros, los mayas describen diversas formas de elaborar y perfumar este brebaje, desde gachas espesas hechas con harina de maíz, hasta un brebaje más líquido para ser bebido.

 

Los aztecas aprendieron de los mayas el cultivo y uso del cacao (y tenían predilección por ella). Llamaban cacahuat al cacao y xocolatl a la bebida aromática que se obtenía de sus frutos. Para obtener esta bebida, los aztecas fermentaban las vainas de cacao, las secaban al sol, las tostaban y las prensaban entre dos piedras calientes hasta obtener una pasta aceitosa, oscura y amarga. Luego la licuaban con calor, la edulcoraban con miel y la aromatizaban con vainilla, y así la bebían. El xocolatl, seguía siendo una bebida muy amarga y estaba reservada para el emperador, los nobles y los guerreros.

 

Cristóbal Colón descubrió el cacao en América, pero el cacao en grano no fue bien acogido en aquel momento en Europa. En 1519, Hernán Cortés desembarcó con sus tropas en el territorio en que reinaba Moctezuma, emperador de los aztecas. Su llegada coincidió curiosamente con el anuncio del regreso cíclico, cada 52 años, de Quetzalcoatl, dios que simbolizaba la sabiduría y el conocimiento, de piel blanca y con barba. Según la leyenda, este mismo dios, habría introducido el cacao y enseñado a sus adoradores a cultivarlo.

Así es que Cortés y sus soldados fueron recibidos como dioses y agasajados con xocolatl (o tchcolatl o chocolatl). Pero lo que más llamó la atención del conquistador y lo atrajo, fue el valor del cacao como moneda de intercambio. Con buen sentido de los negocios, Cortés logró que los aztecas le cambiaran el cacao por el oro, metal indiferente para los aztecas.

 

Los españoles tomaron la costumbre de consumir la bebida chocolatada, cuya receta fue mejorada por religiosas instaladas en México. La bebida se convirtión en verdadero “deleite” el día que se les ocurrió agregarle azúcar.

 

En 1528, Cortés vuelve a España con un cargamento de cacao, además de las recetas y los utensilios necesarios para su preparación.

 

Las vainas del cacao eran fermentadas, secadas al sol, tostadas y prensadas entre dos piedras calientes hasta obtener una pasta aromática moldeada en forma de barras o panes, luego se les agregaba agua, azúcar o miel y especias a elección. El nuevo brebaje resultaba fascinante. Se lo consideró como un medicamento, un reconstituyente y hasta un brebaje de amor, atribuyéndole virtudes afrodisíacas. Mientras tanto, las recetas fueron mejorando...

 

El chocolate podía ser un alimento o una bebida. Como bebida se lo podía consumir hasta en los días de ayuno – lo mismo que el vino – y, como era mucho más nutritivo, se lo prefería hasta en los días de cuaresma.

 

Por mucho tiempo, el chocolate fue una exclusividad española y como era bastante caro estaba reservado a las clases sociales privilegiadas. El contrabando, los visitadores de la corte de España, los intercambios con los conventos, las capturas de naves que volvían de México, fueron los hechos que permitieron que el cacao llegara a otros países.

 

 

Fuente: Investigación de La Gaceta Alimentaria.